jueves, 10 de marzo de 2011

Bruno Traven y Mariano Azuela.

Gabriel Velázquez Toledo
El Liróforo
Bruno Traven y Mariano Azuela.

Principalmente la procuración de principios, derivados de las ideas que se proclamaron como sustento de los acontecimientos violentos desencadenados en la Revolución Mexicana, tras la evidente necesidad de romper con los paradigmas establecidos en los regímenes anteriores a los levantamientos de la segunda década del siglo XX, como fue la legitimación de un cambio socialmente aclamado, llevó a reforzar los primeros brotes intelectuales en que la ideología del progreso, fue puesta en función en contraparte de la obsoleta ideología positivista que aún se sostenía en la educación.
Cuando Bruno Traven llega a México se encuentra con que el cambio pujante en el país, tras las aportaciones vasconcelistas a la educación, le hicieron comulgar, dada su ideología política de izquierda, con las acciones que en ese momento emprendía el gobierno “La última gran revolución en México no sólo liberó al indio, también liberó al niño”. Observó una vuelta a las tradiciones de una cultura, que de alguna forma no se había perdido, y encontró en su impulso, un estímulo a las ideas que compartía “Así, algunos maestros y un buen número de personas interesadas, tuvieron la idea de abrir escuelas en las cuales los niños pudieran desarrollar su sentido artístico, de una manera completamente nueva y realmente revolucionaria”.
La reestructuración de los valores, dirigidos al sustento ideológico del régimen revolucionario, permitió el surgimiento y exaltación de obras que representaran los intereses del estado, como parte de una fórmula de legitimación institucional, sustentada en esos nuevos valores.
Seguramente la discusión que se originó con la popularización de la primer novela de la revolución, Los de Abajo, no hubiese sido suplida por alguna otra obra que conservara características similares, pues lo que devela la polémica que se originó, es la búsqueda emprendida en pos de obras que pudieran adaptarse de alguna forma al aparato ideológico que el estado estaba impulsando y a sus intereses (como derribar los antiguos valores del régimen porfirista) “mariano Azuela publicó sin pena ni gloria la novela Los de abajo en El Paso, Texas, hacia 1916”, no fue sino varios años después que dicha obra fue exaltada, a la par del triunfo de la revolución, pues era necesario un sustento ideológico que legitimara las acciones que emprendían.
Evidentemente para la obra dicha polémica representa la exaltación de la obra “de la revolución”, lo que devela un interés por su consumación “al mismo tiempo estaba en juego el tópico de lo viejo contra lo nuevo, de los antiguos contra los modernos, en el que siempre lleva ventaja lo novedoso, máxime si se trata de la vertiente oficial”, aparentemente se ignora su actitud desencantada, su posterior consagración demuestra que su “descubrimiento casual” llevó siempre algo de intenciones políticas perfectamente definidas.
El periodo comprendido entre 1910 y 1930 definió a la sociedad mexicana. El punto en que Travens y Azuela se encuentran literariamente, tiene que ver con un estilo desencantado de la guerra. Propulsan, como críticos y reformadores del pensamiento, una nueva búsqueda social, en la que sea posible encontrar valores que persisten en el pensamiento profundo del pueblo. Las obras de ambos se encuentran en un marco referencial del pleno convencimiento ideológico social, dirigido a una lucha que tiene ante todo a su más grande enemigo en el que fue su primer propulsor, el estado.
La obra de ambos escritores se encuentra muy actual, la sensibilidad con que se captura la inconformidad y la degradación humana, son un ejemplo (actual) de la barbarie que llega a construirse en planos ideológicos deformados, como terminará siendo el mismo régimen que se implantó posterior a la revolución.

martes, 1 de marzo de 2011

Murales vs Plotters

Gabriel Velázquez Toledo
El Liróforo
Murales vs Plotters

Hace algunos años a muchos de nosotros nos tocó ser testigos de una gran epidemia de grafitis que aparecían por todas las casas de la ciudad. La revuelta de los llamados “skatos” daba inicio hace más de diez años, copiando los modelos europeos y americano para manifestar sus inquietudes en pintas.
Poco a poco fueron evolucionando sus técnicas hasta lograr la creación de una manifestación artística callejera que recuerdan por su técnica y colorido a los murales. Aunque no lo son todos, muchos de estos jóvenes continúan con su guerra de contaminación visual destruyendo las fachadas de las personas, no así un grupo de jóvenes que poco a poco han ido manifestándose por toda la ciudad con pintas de bardas de muy buena calidad.
Por el otro lado la incursión de los modelos tecnológicos en la escala de una apresurada tendencia a la modernización, llevan a desfasar a los rótulos por lonas impresas con cualquier cantidad de diseños y con la precisión que ostenta las grandes impresoras industriales que han inundado a la ciudad con cientos de lonas. En otras palabras, basura difícil de deshacerse de ella una vez que cumple su utilidad.
Si salimos a la calle parece una guerra extraña entre los métodos artesanales que se acercan rápidamente a convertirse en manifestaciones artísticas de un alto nivel estético y una saturación de mensajes que pretenden vender un producto o servicio de mercado.
La profesionalización del primer ejercicio creará artistas y líderes de la comunidad que manifestarán sus inquietudes con una técnica que se irá perfeccionando con el paso de los años, la sobre explotación del segundo hará que la ciudad se vea envuelta en una nube de vinil que a muchos podría recordarle aquellos tiempos en que las campañas políticas utilizaban gallardetes para inundar cualquier rincón de la ciudad.
Sin embargo la guerra no terminará en eso, los jóvenes que desean iniciarse en la pintura callejera continuarán violentando los espacios públicos y privados, sin un mínimo respeto por la propiedad. Las personas cada vez más recurrirán a lo más fácil, un diseño de computadora poco innovador que utilizará imágenes de internet para saturar la percepción de las personas.
Las grandes ciudades del mundo han logrado un equilibrio, permitiendo que las nuevas tecnologías, como el internet, conglomeren grupos de interés común de jóvenes que simplemente necesitan una guía, que pueden ser los mismos jóvenes que tienen una experiencia, de tal forma que vayan creándose escuelas independientes.
Los nuevos materiales que constantemente salen al mercado incluyen productos biodegradables, no contaminantes, los cuales probablemente sean auxiliares en el tratamiento de desechos de las orbes.
Cualesquiera que sean las soluciones, ambos son parte de un conglomerado social que empieza a despertar a la conciencia del uso de estrategias de manifestación popular, de las que se debe estar muy pendiente, pues antes de convertirse en un problema de contaminación visual mayor, deberán de promoverse ciertos valores entendidos sobre su uso, para lo que será necesario intercambiar puntos de vista y promover el sentido de la responsabilidad, para que terceros no sean perjudicados.

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jueves, 3 de febrero de 2011

La pelea del Siglo

El Liróforo
Gabriel Velásquez Toledo
Box de fantasía

Mi abuelo decía que los hombres de verdad resolvían sus diferencias de mejor forma “hablar no sirve de nada cuando tenemos los puños”. Creo que por esas fechas empezó a gustarme el box. No recuerdo a ningún boxeador famoso, ni me importaba el nombre de quienes se aporreaban en el cuadrilátero, sólo se me hacía más real que el juego gimnástico que era para mí la lucha libre.
Lo más cerca que estuve de usar los puños fue en la secundaria, cuando en juvenil rebeldía nos liamos en un conflicto con otro muchacho, me arrojó al suelo y para no seguir recibiendo de golpes me tapé con ambas manos. Un cabezazo me dio la ventaja cuando accidentalmente golpee a mi contrincante, que se me había perdido de vista, tratando de reincorporarme. Le di en el mentón y cayó redondito.
Sin duda una nadería en comparación de los acontecimientos que este viernes se estarán produciendo en punto de las 19:00 horas, cuando en el Sabines Palace´s, se enfrenten el “Perico” Gámez contra el “Dandy” Pérez en una confrontación pactada a seis rounds en el que promete ser el mejor espectáculo de box de fantasía de la década, que promueven en conjunto el restaurant familiar “Che Garufas” y el Multiforo cultural “Casa Tomada”.
La búsqueda del fracaso es natural. Simplemente necesitas meterte en una empresa, más que complicada absurda por su naturaleza de imposibilidad. Pero es ahí en donde nacen los grandes héroes como Homero. O los grandes fracasados. Lo importante es que para esta propuesta alternativa de lecturas literarias, promete una renovación de los clásicos esquemas de presentaciones en los centros culturales, aquí la gloria no importa mucho más que divertir a los asistentes.
Omar Gámez “Navo” es uno de esos personajes que puedes encontrar dirigiendo una biblioteca y organizando encuentros clandestinos de escritores suburbanos, investigando propuestas pacotilla de culturalismo oficial, para que el movimiento de terrorismo cultural que promueve el error y la cacofonía como la mejor propuesta de la literatura. En pocas palabras un verdadero insolente antisolemne que pretende destruir conciencias a punta de carcajadas.
Ulises Mandujano “Che Garufas” es el director de conocido antro de concentración púgil que busca derrotar el aburrimiento de sus parroquianos, con levantamientos de tarros, su labor social y humanitaria con los “bolonautas” y su indudable calidad como cuenta cuentos, le ha valido el reconocimiento del mejor narrador de Tolán y sus alrededores.
A decir verdad se dice de este competidor que su basta experiencia como showman le da una ligera ventaja sobre el resto de los participantes, pero sólo los asistentes al encuentro literario que protagonizarán ambos narradores, podrá dar su mejor opinión.
Es importante resaltar que la mejor narrativa es la que divierte a la gente. La búsqueda del humor es una constante en ambos narradores quienes alternarán durante el evento con lecturas de otros escritores como Wlvester Alemán y un servidor, prometiendo a los espectadores asistentes un rato de humor inteligente.

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Las relaciones sociales modernas

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Las relaciones sociales modernas

Es evidente que las relaciones interpersonales de la gente en general han dado un vuelco hacia la individualización, de manera mucho más significativa encontramos esta particularidad en las ciudades. Sin embargo las herramientas tecnológicas han llevado este fenómeno a muchos rincones.
No deja de ser curioso que los seres humanos en su búsqueda de la satisfacción de sus más elementales deseos, ha tenido que idear formas de comunicarse. De ahí nació el lenguaje. De ahí mismo nació también la sociedad. Sin embargo con el paso del tiempo, las hiper-concentraciones sociales han dado en reunir de una forma antinatural, una cantidad desmesurada de personas. En un inicio las alternativas existentes para el desarrollo de actividades afines entre las personas eran sumamente limitadas. Los sistemas de enseñanza eran tan generales que no era común encontrar círculos de intereses específicos, con los que las personas pudieran identificarse.
Hoy el Internet nos permite encontrar, mediante una clasificación y depuración de intereses, personas que se acercan a nuestra forma de ser. Las redes sociales permiten que las personas sean más libres, la manifestación subconsciente de las verdaderas necesidades expresivas, son el reflejo de la conciencia que se ha recuperado a favor del ente social.
Sin embargo más allá de los beneficios que esta herramienta tan útil ha proporcionado a la humanidad en términos de conocimientos y esparcimiento, ha provocado un hondo vacío en la forma en que se interrelacionan hoy en día los jóvenes. Si no es por medio de un dispositivo electrónico, existe una aparente incapacidad para desarrollar una relación, del tipo que sea, con otras personas.
Si a esto sumamos que la grandísima cantidad de personas que viven en las zonas conurbanas provocan un perpetuo estado de psicosis, que en sus máximos grados llevan al desarrollo de estados neuróticos exacerbados mediante los cuales se llega incluso a ataques violentos, como lo demuestran la infinidad de ejemplos de estudiantes que abren fuego en contra de sus propios compañeros, se ven superados por una sociedad que no les brindó la formación requerida para involucrarse interpersonalmente, motivando su aislamiento y provocando con esto un fenómeno que apunta para empezar a mostrar sus primeros estragos en nuestra región, pues la enorme necesidad que los jóvenes han demostrado hacia sus nuevas formas de diversión son preocupantes.
La conglomeración de personas obviamente provoca un estado defensivo de cualquier individuo que decide salir a la calle. Esta persona se estresa por la constante necesidad de cuidar sus espaldas, pues la misma psicosis que la violencia actual provoca, hace entrar en un estado paranoico en el que la salud mental se enfrenta a grandes niveles de estrés, a la par de que su tolerancia para imágenes altamente violentas, provocan un atentado en contra de los valores de convivencia que se debieran estar promoviendo con el fin de promover la armonía.
Dentro de poco la libertad que los medios electrónicos proporcionan, se verán amenazados por un libertinaje, que encauzado por medios masivos de comunicación y en obediencia de intereses económicos muy fuertes, darán como resultado una profunda confusión que ahondará más en la crisis de identidad que sufren los jóvenes de hoy en día.
Lamentablemente no hay posibles soluciones. En Europa existen clínicas de tratamiento para adictos al Internet. La propaganda oficial es ignorada, el mundo laboral y la educación demanda el uso de estas herramientas. Sólo nos queda confiar en los valores que dentro del ente familiar se puedan promover, teniendo especial cuidado en conducir los nuevos conocimientos de los jóvenes hacia necesidades más sublimes que los de la popularidad, como el conocimiento.

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Estridentistas II

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Los Estridentistas II

Una de las premisas que el grupo de los estridentistas siempre sostuvo, era su cercanía a las minorías, que eran las grandes mayorías miserables y explotadas. Por eso el grupo no evade su conciencia social y busca una empatía: “OYE HERMANO/ ¿verdad que escuchas mis gritos?/ ¿verdad que sientes caer mis lágrimas/ a través de la piedra?”.
Afortunadamente la búsqueda experimental de estos poetas se trasciende. Invade rubros de otras áreas para sugerir efectos, tal y como sucede con los pictograma a semejanza quizá de Tablada, otro veracruzano que ya había incursionado en esta área: “sudor/ caricia fría/ y el/ balan/ céo/ de mi/ hamaca” la imagen. El vaivén, son parte de un experimento visual que incluye elementos ambientales.
Y finalmente se caracteriza por la impertinencia, como herramienta para proponer una ruptura profunda, como lo dice Kyn Taniya: “¿Verdad buen hombre de orejas de burro/ que la víbora merece tener su monumento/ en la plaza de la Constitución?” su ácido sentido del humor, lo convierte sin más ni más en uno de los más claros representantes del estridentismo, que de alguno forma recuerda los inicios del grupo que conformaron Lorca, Dalí y Buñuel, que curiosamente se desarrolla de forma cuasi paralela.
El caso de Germán List Arzubide es diferente. En Esquina podemos observar lo que el mismo Maples Arce dice en Margen: “el esplendor mecánico y geométrico del siglo”. Parte de la fórmula que el autor utiliza se centra en la pérdida del respeto, en el ataque suicida que busca un cambio perpetuo. “A Villa lo inventaron/ los que odiaban al gringo”. Hay una evidente liberación en la asociación de imágenes “su tela con hilos de música/ para apresar la mariposa eléctrica”. Finalmente la liberación del lenguaje como propuesta para la ruptura ideológica “Schakespeare hace “mutis” como un personaje.” Llena de fatalismo reflexivo, aquel que orilla a las últimas consecuencias “Hay que tirarse de 40 pisos/ para reflexionar en el camino”.
Salvador Gallardo en El pentagrama eléctrico, nos muestra los primeros frutos de la afinidad que dicho grupo está causando en los jóvenes. A partir de ese momento la innovación se transforma en un lenguaje paradójico. es la representación de lo cotidiano, extraído para sublimarse por un último instante antes de que se pierda en la indiferencia nuevamente “El álbum de las calles/ se enrolla en los motores/ con fugas de los postes/ que escriben sinfonías”.
La música abarca un lugar especial en el pensamiento renovador de los estridentistas como lo muestran Maple: “en tanto que en la orquesta se encienden anilinas/ y bosteza la sífilis entre “tubos de estufa”, y Kyn Taniya: “al ritmo negro de la jazz-bands de Nueva York”. En la representación de un cambio, una identidad rebelde.
Poco a poco la desenfrenada propuesta estridentista fue apagándose. La edad, junto a necesidades económicas y las que más tarde se convertirían en ejercicios de poder político, truncaron un movimiento que en su irreverencia decidió desprenderse de las formas oficiales. Una búsqueda de alternativas paralelas que llevasen al deleite del progreso.

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Estridentistas I

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Los Estridentistas I

Los estridentistas son un grupo de artistas que enarbolaron la bandera de la irreverencia en sus manifestaciones artísticas a principios del siglo pasado. Desde Veracruz impulsaron una descentralización intelectual que se valiera de sus propias élites para la conducción de los círculos sociales. Su propuesta se originó para desembarazarse de las tendencias tradicionales, incluyendo la poesía y el arte.
Desde la liberación histórica del contenido hasta la asociación de orden urbano y naturalista de la propuesta literaria que iniciara Manuel Maples Arce, tras la publicación del primer manifiesto estridentista. Su propuesta era original y claramente revolucionaria. Con una tendencia a la desautomatización de los acontecimientos cotidianos, logrando esto con imágenes que por un momento parecen descontextualizadas, pero que forma parte de una obra plástica que complementa con diversas manifestaciones. Así es como se dio a conocer una propuesta que parte de la perversión de los valores obsoletos y la búsqueda de una renovación ideológica.
Sus principales exponentes mostraron a la irreverencia como un hilo conductor de sus acciones, un respiro de insolencia que sacudió las bases conservadoras post-revolucionarias, para imprimir una inyección de ideales que emergen de la observación, la voluntad y la inteligencia. Sus principales exponentes tuvieron particulares formas de manifestarse, ocupándose de temáticas variadas, que refuerzan la necesidad del progreso.
Manuel Maples Arce en Andamios Interiores. Poemas Radiográficos obviamente la tendencia que los estridentistas pretendieron en su movimiento ideológico, marca de forma particular a los integrantes de dicho grupo, de esta forma podemos observar cómo Manuel Maples Arce es el intelectual que busca el sentido de una ciudad insurrecta. Utiliza la feria temática que le proporciona la ciudad y se estandarizan en la búsqueda del progreso como un ideal poético, propuesto ante el sentimiento reaccionario que proponen otros grupos, que deciden no tratar lo social, introducirse en la estética de la poesía sin compromiso social. Su poesía es una denuncia a esta abulia del artista.
Por eso prefiere erigirse como la figura del escándalo. Del rompimiento de las ataduras sociales y los esquemas establecidos como “tradicionales” del pensamiento creativo. Propone exacerbar a la creatividad. “En la dolencia estática de este jardín mecánico,/ el olor de las horas huele a convalecencia,/ y el pentagrama eléctrico de todos los tejados/ se muere en el alero del último almanaque.”
En cambio la agilidad de Kyn Taniya se impone en el juego de la creación ingeniosa en Avión. Encuentra una libertad en la poesía, que le permite imprimir una ambientación que cubre los sentidos. “¿oís a las ametralladoras carcajearse en las esquinas de las calles?” Su fuerza inyecta una simpatía que contagia una denuncia ingeniosa: “¡INCENDIEMOS EL PASADO PARA ILUMINAR EL PORVENIR!”. Su estilo abarca una búsqueda espiritual que se sublima con la ciencia en una profunda ecuación metafísica: “Y AQUELLOS QUE SOBREVIVAN SERÁN CEGADOS POR LA LUZ” sabiendo llegar también a una profusión sentimental con la finalidad de desnudarse por completo ante la pureza de los sentimientos “Las locomotoras aúllan/ aúllan en la noche”.
En la siguiente entrega daremos cuenta de la agilidad con que German List Arzubide y Salvador Gallado sumaron esfuerzos al movimiento estridentista, que alcanzó horizontes prometedores en la provincia, y que sufrió más tarde su peor embate que terminó que estas promesas de la literatura mexicana: la función pública.

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jueves, 6 de enero de 2011

La libertad de expresión y las redes sociales.

La libertad de expresión y las redes sociales.
EL Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo

Curiosamente en el mundo hay una nueva tendencia global, que ha conseguido cientos de millones de adeptos, son las famosas “redes sociales”, el equivalente a poseer una personalidad cibernética en un mundo compuesto únicamente de ideas.
Tan sólo la red social Facebook tiene más de 500 millones de usuarios, lo que le convierte potencialmente en una herramienta con muchas aristas, que va desde el vulgar chisme, al uso comercial y por supuesto a nuevas formas de entretenimiento y convivencia social.
Las opiniones que en estos espacios se vierten, poseen un impacto cada vez mayor, pues son observadas por cientos de cibernautas que están conectados en un mismo espacio, opiniones que pueden ser reenviadas y potencializar su efectividad, incluso cuando han pasado de moda es posible rescatarlas con sólo saber utilizar un buscador que se incluye en el mismo servicio de estas páginas. La opinión de una persona, bien fundada y con un lenguaje contundente, se reproduce cientos de veces en grupos que se crean con la intención de congregar personas con afinidades cercanas a las suyas.
La libertad de expresión en el mundo ha encontrado un agente que aún no ha podido ser censurado del todo, pese a que redes cibernéticas de policías y hackers están al acecho de estos espacios, algunos se han vuelto tan famosos a nivel mundial, que son sin duda un referente de ciertos panoramas y acontecimientos, presentando pruebas veraces y contundentes en lo que podemos llamar la más grande victoria de la expresión: la información en las manos del pueblo.
Y para ejemplo tenemos lo que ha sucedido con wikileaks, su fundador Julian Assange enfrenta un juicio en Europa en lo que claramente es una provocación para evitar que su página continúe vertiendo material sumamente interesante y controversial, sobre los procedimientos no tan correctos tanto políticos como económicos, de muchos países en sus relaciones diplomáticas. Algunos incluso tienen que ver con opiniones y acciones en conflictos bélicos, que develan procedimientos crueles y crímenes de lesa humanidad. Ahora sus colaboradores están siendo perseguidos por el gobierno norteamericano, quien ha sido el principal afectado, mientras que él permanece en arresto domiciliario en Inglaterra, por un cargo de abuso sexual en Suiza.
Una virtud de las redes sociales es el enfrentar. La información y pruebas se presentan a los ojos de todos para que viertan una opinión. A veces es una foto, otras un video o un enlace. El pensamiento crítico que se ha despertado en las personas que utilizan constantemente el internet, las ha llevado a reunirse en pequeños grupos que se conectan los unos con los otros, a conveniencia, con la idea de que cualquiera pueda observar lo que en una intimidad se comprende como propio.
¿Es correcto entonces que los grandes poseedores del poder, se encarguen de la eliminación de sus detractores, cuando lo único que hacen es develar procedimientos poco éticos de los que ellos mismos son propulsores? Una persona ética no tiene porqué preocuparse cuando se le injuria, una embestidura moral lo protege en el inconsciente colectivo, pues es usualmente el referente inmediato de conducta.
Para el siglo XXI los valores de convivencia han cambiado. Somos una sociedad que se rige por la ley del más fuerte, donde se privilegia la inteligencia, el ingenio y la perspicacia. Pero es esta última la que origina mezquindad, comportamiento poco asechable que origina profundas lagunas en el estatus de civilización. La fuerza se impone a la razón y se privilegian intereses. Así la guerra se desata ahora entre la legalidad y la legitimidad.
El pensamiento humano puede cambiar con mucha rapidez, lo que no cambiará tan fácilmente son el cúmulo de convicciones que se le han enseñado desde pequeño al ciudadano. Valores puros que tratan de configurar una convivencia social armoniosa. De esta forma las masas cada vez son más cercanas a este tipo de espacios, en donde la denuncia tiene un sentido profundo, no se queda en la mera provocación, ni se organiza maquiavélicamente, es la conciencia espontánea que provoca una inconformidad ante cualquier desavenencia. La intolerancia social que ha encontrado un canal por donde catalizar energías. Quizá es tiempo de que aprendamos a comprender este lenguaje y canalizarlo a la resolución de expectativas y dificultades.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX 4

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX
4ª parte
Para el último cuarto del siglo XX, las propuestas que el teatro presenta se irán enfocando a la cotidianidad y la modernidad. En Las cosas simples de Héctor Mendoza, podemos observar cómo el relajamiento de las costumbres sociales llega a su gran representación. La paradoja de lo cotidiano, impone una dinámica teatral con categorías sociales distintas. El autor propone un lenguaje fluido y natural, para poder recrear la representación de actitudes muy humanas. A diferencia del resto de las obras que hasta ese momento se habían presentado, el dramaturgo se propone involucrarse con los jóvenes. La dinámica de su pensamiento se vuelve una posibilidad; propicia que el personaje se involucre con el espectador, con aquel posible “con el que fue” o “con lo que es”.
El teatro por fin ha logrado hacer partícipe a los jóvenes, lo que en el futuro próximo propiciará la innovación de buena parte de su contenido y forma, a la par de lograr grandes avances, gracias en buena medida a las nacientes carreras de teatro, que estaban propiciando que corrientes mundiales de dicha disciplina, influyeran en las puestas en escena.
Aunque tarde, buena parte de los experimentos teatrales que se venían realizando en Europa desde inicios de siglo, tuvieron su oportunidad de representarse en espectáculos que gozaron de la maravilla del elemento surrealista de la cotidianidad mexicana. Dichos elementos fueron muy bien aprovechados con anterioridad por directores de cine como Luis Buñuel, sin embargo no sino hasta la llegada de grandes maestros del teatro a nuestro país que se implementaron estos elementos en la escena.
Alejandro Jodorowski sigue esta línea juvenil de Mendoza, aplicando nuevas características, que con su particularidad, lograron ampliar los horizontes del escenario. La percepción del rompimiento de la rutina, es lo que presenta como divorcio a una tradición escénica que seguía tratando buena parte de la convencionalidad popular. Por el contrario el ejercicio crítico, asociado a un cierto desencanto ideológico, que pugna por la particularización de las experiencias, da como resultado un experimento multiforme, pues sus representaciones están sujetas a una serie de paradigmas, totalmente diferente de lo acostumbrado.
Los diálogos nacen de la improvisación y las emociones, a partir de un guión que indica un pie. Este juego clásico de Jodorowski, le permite una percepción distinta del teatro a él y sus posteriores seguidores. El teatro es una actividad mágica, que puede llegar a representar cualquier absurdo, es decir cualquier elemento dirigido en contra del convencionalismo y lo tradicional.
Finalmente, y como parte de un producto social, el desencanto de la convivencia en las grandes orbes, la dificultad de verse solos y en el vacío existencial, condujo al teatro a los linderos del posmodernismo. La generación de fin de siglo propone alternativas que son un deleite intelectual, visual, auditivo, aprovechando la tecnología y el juego de luces. Para Morelos Torres y Noé Morales, se da una siguiente transformación en el lenguaje dramático. La posibilidad del actor-director brinda mayores oportunidades al espectáculo, lo que implica una dinámica mucho más avanzada en la convivencia personaje-espectador.
Desaparecen las señales de pertenencia de los personajes. Pierden el nombre, se distancian hasta estar a la altura de una experiencia fantástica. Se desvincularán de los valores tradicionales por completo, con una tendencia al rompimiento de lo sistemático con un humor sagaz, crítico y certero, haciendo ver que una realidad se deforma a sí misma, gracias a los personajes de carne y hueso que las componen. Para el fin de siglo la resignificación del escenario, la escenografía, la tecnología, la música y la creación de nuevos valores y paradigmas, ofrecen espectáculos para todo los gustos. El nuevo teatro de cámara, dirigido a grupos pequeños y selectos, el teatro de calle y teatro pobre, que se dirige a las masas y son espectáculos populares, el teatro comercial, que es patrocinado por las empresas televisivas en su mayoría y el teatro experimental, que fusiona cuantas técnicas posibles encuentra y se adapta al escenario que hay al alcance.
Afortunadamente el teatro ha encontrado una nueva dimensión en su versalitidad. Las ventajas dimensionales de su exposición le han cargado la labor al actor, quien se contagia del aprendizaje de las artes con el fin de poder perfeccionar su labor. La potencialidad que tiene se ha explorado en buena medida a lo largo del siglo XX. Parece que un encanto por el pasado regresa al teatro a algunos foros, sin embargo aún es necesario que espectáculos inteligentes sean propuestos, como forma de poder ir creando un cúmulo de espectadores-consumidores, que logren concretar un movimiento teatral de calidad en Chiapas.
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Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX
3ª parte
Para México la primera mitad del siglo XX le encuentra en la tendencia por construir los nuevos ideales que deben imperar en su relación social. Las propuestas en el arte están volcadas a un nacionalismo, a descubrir en la profundidad de la herencia prehispánica, una identidad que brindaría aportaciones significativas, que propiciaran un individualismo. Hay una obvia tendencia a buscar lo mejor de dicha nacionalidad. Las innovaciones en ese momento se encuentran dirigidas a una reconstrucción de la escena. Se eliminan completamente los escenarios, se permite que la oscuridad y los sonidos insinúen situaciones.
Por el contrario para mediados del siglo XX por fin hay una preocupación por la interacción del espectador dentro del escenario teatral. La temática logra encontrar un sincretismo entre el pasado y el presente. Los recuerdos son la imagen real que tortura, epifanías y fortalezas, que conducen a las acciones en todos los casos y que son la referencia a presencias subjetivas, que se encuentran en la conciencia de los espectadores, como parte de una identidad nacional.
El lenguaje le sirve también como herramienta para connotar que hay una vulgaridad, un sentimiento de pertenencia social, de igualdad entre espectador y actor. Se crean vínculos con la conciencia, se identifican mediante una simbología particular, que el espectador sabe reconocer y haya como identidad.
Para el medio siglo en México, los valores se han degenerado en la gran urbe. La búsqueda del artista le exige soltar amarras, por lo que en 1954 se da una ruptura con el paternalismo del estado en pos de una libertad de creación y expresión. Jóvenes que se han formado bajo la tutela del teatro, empiezan a mostrar nuevas propuestas, que de alguna forma ridiculizan el entorno social, lo vuelven vulgar a la vez de humano y se plantea de esta forma una ruptura con el nacionalismo. Para esto la respuesta es reflejar, mediante un neocostumbrismo, la realidad social que en ese momento impera en la orbe.
Emilio Carballido, en La danza que sueña la tortuga, en su discurso dramatúrgico, propone esta recuperación de los valores neo-costumbristas. La recuperación de detalles del comportamiento común en la ciudad, se transforman en los elementos que causan empatía al lector con la obra, con una sensación de reconocimiento y verosimilitud, aunque no sin dejar de percibir que esto lleva como fin aligerar la fuerte tendencia del autor al sinismo. Las obras en este momento se enfocan en denunciar la forma en que los valores se tergiversan y descomponen.
Aunque algo digno de mención es el momento social que también ha exigido de los artistas su cuota, encuentran en ese instante, como se puede percibir con Elena Garro, el retrato de la lucha por derechos de las mujeres, no se escapa a su crítica, en especial cuando buena parte del discurso va dirigido a redimir la figura femenina, lo que es un buen ejemplo de las cosas que les distanciaron con sus predecesores.
Otra diferencia que implementa Carballido como retrato definitivo del momento se da en el ambiente urbano. Descriptivo y fotográfico, busca un interiorización e identificación con el público, mediante la imagen de la decadencia de la modernidad. La temática urbana, es utilizada por el autor como un pretexto para exhibir la degradación de los valores, la transformación del pensamiento, la simplicidad de las acciones que una sociedad decadente puede tomar por simple antipatía o por la tergiversación de otros, por medio del chisme y la mentira. La temática lleva una crítica fuerte a los valores individuales, exhibe costumbres para señalar deficiencias
Así es como los argumentos poco a poco van dirigiendo a las acciones, hasta recabarlas en un discurso intimista y despreciativo, aborreciendo a la familia y su significado. Su distanciamiento con los planteamientos comunes del teatro, le permiten exhibir aspectos cotidianos, que incluso pueden no ser observados, pero que conducen a la sociedad, mediante sus propias reglas, a una conducta de doble moral y de instintos.
Las tendencias de experimentación, tanto lingüística, como temática, que había en el teatro, no tardaron en encontrar también seguidores. Las propuestas de este teatro tiene como objetivo introducir la cotidianidad en las representaciones. El espectáculo ha tenido un detrimento, pues desde la introducción del cine cayó en detrimento. Sin alcanzar los grandes públicos, se empiezan a tratar propuestas que proponen por fin una experimentación escénica, más allá de la 4ª pared. Por fin las tendencias universales del teatro han permeado en el ánimo dramático, aunque con un retraso por demás significativo.
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Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX 2

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX
2ª parte
En la primera parte de este estudio dimos cuenta de las condiciones sociales bajo las cuales el teatro mexicano se representó en el siglo pasado. A continuación se presentará el desarrolló del teatro mexicano, según las características particulares de algunos autores y sus respectivas piezas, para lo que se realizará una breve descripción de los valores que dichas obras presentan, la forma en que se fueron realizando las rupturas, tanto en la temática, que creció de una preocupación particular, al conflicto universal de las emociones, de la forma convencional del teatro isabelino y sus formas canónicas de representación, a la experimentación de las dimensiones del espacio, la constante de propiciar un clima de reflexión, enfocando su crítica a la convivencia social y la decadencia de los valores.
En las primeras décadas del siglo XX la sociedad mexicana ve en el teatro el reflejo de lo que supone es la situación que hay en el país, el clima de descomposición se retrata desde su posición, con escenarios costumbristas y manifestaciones que pueden ser el vivo retrato social. La verosimilitud de los diálogos aún no se busca como un valor dramático, no es importante cómo se expresa, únicamente el significado. Los personajes son fuertes, estereotipados, gozan de emotividad, pues es lo que conduce sus acciones. El actor en su forma de conducirse ante las acciones depende de las estructuras familiares anticuadas, dirigido a la protección de los derechos, pero con una conciencia que lleva más allá del límite aceptado por la burguesía, pues transgrede su confort con una castigo humano, demasiado humano, descendencia bastarda, que humilla su condición burguesa y mancha el honor de una familia, justo en el momento en que el país es un caos, Gamboa denuncia este comportamiento y castiga a los culpables. El desafío del dramaturgo está pues en la anécdota, denuncia a la sociedad de su momento por su falta de empatía, y corrige desde la intelectualidad.
Esto propicia que más adelante se logre el vuelco de la atención de los dramaturgos a la intimidad. El régimen se inicia y necesita de una identidad. Los valores de la revolución peligran, pues no gozan de un fuerte sostén en la conciencia de la época, por el contrario, se ha devaluado la credibilidad del régimen político y debe reconstruirse.
Para Julio Jiménez Rueda, los cambios del momento son propicios para su propuesta. La tendencia del teatro se enfoca a un replanteamiento de los valores de la sociedad. Se nota por ejemplo en la construcción de los personajes de La silueta de humo, quienes tienen un toque más intimista, pero que dirigen su problemática a un sentido más universal. Su tema se enfoca a las emociones, lo que de inmediato sujeta la atención del espectador, quien se mantiene a la expectativa y que se vale de su propia experiencia para identificar la forma en que son el resto de las escenas y escenarios.
Hay un evidente contraste con los valores previos al régimen, puyes la tendencia de la individualización y los derechos, permiten una relajación de las costumbres morales, lo que se observa en las personajes prostitutas, que se muestran como algo cotidiano. Este valor de lo cotidiano se transforma también y vulgariza el sentido de lo censurado. El teatro se deja de ocupar de regionalismos contemporáneos, para empezar a divulgar la necesidad de expandir horizontes y ser realistas. La transformación del escenario es parte esencial en el refuerzo visual que se ha emprendido, ahora es la ciudad.
Los valores modernistas se incrustan en la degustación dramática, se incluye un lenguaje más próximo al de verdaderos representantes de la clase alta, por lo que se construye la verosimilitud de los diálogos como parte esencial de la puesta, y va más allá pues el autor decide jugar con los elementos del lenguaje y reforzar algunas frases con la intención de transformarlas en víctimas de su genio irónico.
Sin embargo el suceder del tiempo trajo otra vez acontecimientos políticos que volvieron al teatro una herramienta de la denuncia. La sutileza crítica de los mensajes, eran la forma principal de que se valían los dramaturgos para expresar su inconformidad con la situación social. Para el primer cuarto de siglo en México, los valores de la revolución han causado un profundo vacío. La máscara bajo la que el régimen se disfraza como institución, es sostenida con violencia y engaños. Rodolfo Usigli con El gesticulador, propuso un ejercicio más sagas de la potencialidad del teatro, llevándolo a la crítica política y social. Su lenguaje transforma cada una de las acciones, pues detrás de muchos de los diálogos se encuentran los guiños que el autor lanza al espectador, provocando su identificación con la problemática del momento. Además el lenguaje utilizado se presta a convertir el ambiente en creíble, pese a lo fantástico de la situación. Los valores que la sociedad debe de sustentar vuelven a ponerse a debate, pues la indignación es parte de la conciencia social. Los personajes son motivados en sus acciones por una búsqueda del sentido. Constantemente se ratifican en sus posturas morales, lo que los distancia, pues sabe que la realidad está corrompida por el poder.
En el siguiente número daremos cuenta de la forma en que los valores teatrales volvieron a evolucionar, esta vez con la fundación de las academias y carreras de teatro, que dieron por profesionalizar el ejercicio en el escenario y experimentar con las nuevas tendencias que surgían en Europa.
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Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX 1

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Algunos apuntes sobre la evolución del teatro en México durante el siglo XX
1ª parte
El teatro en México siempre ha tenido un lugar especial. Si aplicáramos la teoría de Antonin Artaud, presupondríamos que desde los antepasados prehispánicos, había una carga teatral en el ritual militar y religioso que emprendían con mucha constancia. Los indígenas fueron reeducados bajo los principios religiosos del cristianismo, que se basó en las puestas ritualísticas-teatrales, como los autos sacramentales, que terminaron por popularizarse y degenerar en festivales y demás paradojas. Una predisposición cultural al espectáculo visual masivo, llevó al teatro a ocupar un lugar especial en el referente crítico de la sociedad de la primera mitad del siglo XX en México.
El teatro lírico ocupaba en México, a inicios de siglo XX, un lugar muy importante en la sociedad, dentro de las posibilidades de entretenimiento de la burguesía porfiriana éste en particular, gozaba de prestigio, lo anterior por la influencia que Francia tenía en el gobierno de Díaz.
Pronto para el teatro, conforme su liberación experimental se fue dando, bajo un clima de tensión política y castrense, la explotación comercial propició la creación de alternativas populares a dichos espectáculos, cercanos a la economía, crítica, que se vivía en el país, clima bajo el que se genera y populariza el teatro de revista y que distancia definitivamente al teatro dramático, ese espectáculo que desafiaba la crítica y la inteligencia.
La oportunidad de los dramaturgos, de poder manifestar sus emociones e ideas en el referente popular con más impacto, lejano al periodismo, convirtió el ejercicio del teatro en una ventana que abría las expectativas de fomentar la adquisición de ideales convenientes al estado. El esfuerzo fue dirigido hacia la formación intelectual de una generación, bajo cuyos baluartes se sentarían los principios del arte nacional.
El rompimiento del teatro con el padrinazgo del estado, generó un espectáculo diferente, libre de manifestar sus ideas, encaminado a retomar las riendas creativas y motivado a experimentar.
A medida que el teatro evoluciona en su dinámica, temática y exposición, se pueden situar los elementos comunes en que se reflejan las principales características de una época, tales como el pensamiento social, los valores, la búsqueda y la experimentación. A través del lenguaje, las características de los personajes y el planteamiento y desarrollo de las acciones, son sólo algunas de las constantes que muestran la necesidad común de cada generación, de ofrecer una alternativa a lo que se ha sentado como canon social.
A inicios del siglo XX el teatro es visto como un espectáculo de masas. Los valores de la sociedad son tradicionales y se reflejan en las costumbres. El teatro no es la excepción, trata de conciliar una serie de ideas entre las diferentes sociedades que reinan en el aparato ideológico. Federico Gamboa nos lo demuestra en su obra La venganza de la gleba, obra que además goza de poder anclar bajo un enemigo común al stablishment del espectador, el pueblo.
La pobreza está en todos lados, mientras que la élite goza de sus privilegios. Una sociedad demandante que está a punto de volcarse a la revuelta, pues no tienen nada que perder, en medio de ese ambiente, una disyuntiva moral que tiene como objetivo encontrar un punto de identificación con el actor.
En las siguientes entregas daremos cuenta de algunas obras emblemáticas para el teatro mexicano y la forma en que el cambio del paradigma teatral se llevó a cabo.
Comentarios: elliroforo@gmail.com

jueves, 25 de noviembre de 2010

Más allá del mar, está el ocaso: La figura de la ciudad en la poética de Joaquín Vásquez Aguilar

Más allá del mar, está el ocaso:
La figura de la ciudad en la poética de Joaquín Vásquez Aguilar


Quincho es uno de esos escritores que se valen de la potencialización del lenguaje para recrear sus emociones y sentimientos, reflejos de soledad y nostalgia; el lenguaje se eleva en su poesía hacia una meta-conciencia de la contemplación, se sublima, se dirige a una empatía que se alcanza en la sencillez de sus figuras a la vez de la profundidad de su expresión. Aunque mayormente dirige su temática al mar, la nostalgia y el anhelo, deja entrever una tormentosa conciencia, la que se dirige a la aventura, al caos, a la embriaguez del sentido y que se asienta en la ciudad, como símbolo de la realidad que percibe.
La ciudad es la máxima referencia de un movimiento que se ha volcado en su sentido, en contra del significado de la modernidad, que en las grandes urbes, surge como el culto a la innovación. Calinescu dice que “como poética trabaja la imposibilidad, la impotencia de la palabra, el fracaso”. (1991,291) Lo indecible nace como una conciencia, una lucha del sentido, de la impotencia.
Para Joaquín Vásquez Aguilar su experiencia con la ciudad fue trágica desde el inicio; de niño fue traído a la ciudad para educarse, dejando su casa, su familia, el mar, permanece como servidumbre de la casa que le da cobijo y estudia en la escuela nocturna. Está en una ciudad cuando muere don Emeterio, su padre, y no puede asistir al entierro porque no tiene dinero. Así aprende a procurarse el recuerdo, la sensación de que algo lo abruma, el peso que la distancia del ser empieza a adquirir cuando la sensibilidad del artista llega al clímax de sus emociones. Finalmente esta relación desencantada, de tormento, llega a su punto más alto, cuando muere en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.
Pero esta relación con la ciudad también conlleva una positividad, pues entre ese caos está el amor, la literatura y el teatro, que se le abren como horizontes para su experimentación. Ahí crece como escritor. En la ciudad está el caos que le hace recuperar sus recuerdos, acaso como causa, en muchas ocasiones, de su poética evocativa del mar. Así se justifica que la ciudad representa para el autor el acercamiento a otra realidad, se encuentra en sí mismo, una realidad en desacuerdo con la sociedad, que se distancia por la conciencia de la individualidad y que surge como un estilo de vida.
El poema “Por la calle larga” (2010, 45) es la bienvenida de Quincho a sus lectores, un reto a lo común, reflejo del artista consciente que vacila por los pasajes de lo desconocido, de la ciudad que lo atormenta: “por la calle larga/ alguien camina con mis pasos/ alguien muere en la esquina/ alguien, más allá, nace/.” La cotidianidad es una realidad que esclaviza con sutileza, que se vuelve parte de la personalidad y la conciencia, pero el artista sabe reponerse y continúa: “todo parece correr con la naturalidad del tiempo/ y detenerse a veces en la esquina/ todo parece para mis ojos como diariamente/” Hasta que finalmente se asume como aquel súper-hombre que es capaz de transgredir las normas: “salvo que un día/ por la calle larga que se vuelve un niño de pronto/ mis pasos me los pongo/ conozco los relojes con sus horas hechas de carne/ y conozco todas las cosa que veo subir desde lo que era/ un sueño y se ha roto/ después viene la noche/ y me digo que ya vendrá otro día, tal vez/”. Así declara que se asume en su papel, que está listo para perderse en el laberinto.
El estudio preliminar sobre la obra reunida de Joaquín Vásquez Aguilar En el pico de la garza más blanca (2010) habla del sentido que tiene la ciudad en la obra de Quincho:
La ciudad tiene un destino dramático. Su rutina es una forma de prisión y de trabajos esclavizantes. La modernidad es un error humano que penetra en lo elemental del mundo y lo contamina, un mensaje que ha llegado al final de sus valores. El mundo contemporáneo se vuelve más artificial, menos humano; sus habitantes se van desposeyendo interiormente; la sociedad se enajena radicalmente. No se habita el mundo de verdad. En esta situación, la poesía de Joaquín busca la inocencia de las cosas y de la antigua unidad no desvirtuada por la evolución tecnológica.
“El mundo contemporáneo se vuelve más artificial, menos humano”, ahí es en donde se encuentra el sentido de la figura, en un desprendimiento del ideal, en un vacío. Para Lipovetski (2002, 93) “la innovación modernista es su alianza con el escándalo y la ruptura; de esta manera surgen obras en contradicción con la armonía y el sentido, divorciadas de nuestra experiencia familiar del espacio y del lenguaje” esto sucede cuando Quincho implica a la ciudad en la temática de sus poemas, hasta que se individualizan, su constante las acerca a una dimencionalización de su inconsciente, en el que el caos es la percepción ante la violencia, el ruido, el contacto con cientos, miles de conciencias que le rodean y se abruma. Lipovetski señala (2002, 81) “El modernismo es una especia de autodestrucción creadora… El arte moderno no sólo es hijo de la edad crítica, sino el crítico de sí mismo.” Esa conciencia lo convierte en un posmodernista, se distancia del ambiente y se erige como observador.
Pero su contacto con la ciudad va más allá, se deja absorber por esa gran conciencia artística que hay en el Distrito Federal, a donde se va a residir con su grupo de Teatro Campesino. Ahí sustituye su necesidad de modernidad, por el “hay que ser absolutamente uno mismo” contraseña del posmodernismo, al que fue introduciéndose producto de “una conducta extremista que lleva la lógica del modernismo hasta sus límites extremos…”(2002, 105), así lo propone Quincho, como un divorcio entre los valores del artista y los del mundo cotidiano. La ciudad es otro elemento conductor de la conciencia artística del poeta, se dejó ir por una búsqueda interna que lo expulsa de su paraíso, hacia lo cotidiano y la fatuidad del momento citadino.
Así Quincho cambia sus valores tradicionales, cobra una conciencia sincrética entre lo convivencial y el vacío. Su gusto por el trago. Lipovetski indica que en la conciencia posmodernista se encuentra “la cohabitación de los contrarios que caracterizan nuestro tiempo, no la pretendida cultura hipdrug-rock”. El mismo autor indica que “el posmodernismo tiene tendencia a afirmar el equilibrio, la escala humana, el retorno a uno mismo, aunque sea cierto que coexiste con los movimientos duros (ambientes de vicios y violencia).” (2002, 93) En el caso particular de Quincho, la ciudad es la representación de un compromiso que se acata, aquel de la evocación de actitud, que es una autodestrucción que se representa con este signo. Joaquín Vásquez Aguilar no es de los que acatan la desdicha de la ciudad, por el contrarios se asume y sale a buscar un camino, así lo muestra en el poema XII de vértebras; donde habla de la realidad que le rodea, a la que considera un engali que asfixia su ser, que lo abruma. Y entonces lucha:
si dijera calor mío
previas velocidades y señales de tránsito
así de grande la mentira
si la mirada
se midiera por bancos
ciudades industriales
masa monoteísta
así de asfixiante

Esto lo hace avanzar enalteciendo la crítica, la valentía del héroe, del que se sacrifica, de la imposición del mito como dogma:

cuando el hombre que nace crece muere
sólo supiera rosas
y miedo a la manzana
y continente
y castradura

Sin embargo el poeta es capaz de reponerse del contratiempo de lo cotidiano y osa actuar, adelantando a su destino:

he aquí mi osadía
a la mitad del puente conquisto la frontera
y claroscuro
dudosamente acato mi desdicha. (152)

La ciudad se transforma en un mal sueño, sin final feliz, en la idealización pacífica del caos, pero el asumir esa auto-imposición crítica, que le da una posición crítica para observar. Perceptiblemente la ciudad se torna en un símbolo que lleva sobre sí el sentido de lo complejo. La complejidad de la relación con este elemento lo funde con la embriagues, el aturdimiento. Abrumado el poeta se busca para salvarse de una tragedia “por el de la ciudad de México, a la que no quería/ ir porque decía que iba a morirse de frío, de ruido,/ de aplastado” (204).Cuando se compenetra , se asfixia, la ciudad no deja de significarse como tormento: “aquí no hay adioses de ciudades, ni retornos a gran velocidad” (2002, 193). La ciudad equivale a la soledad, al vacío y la pérdida de una apuesta como en “Soneto que no entra a la ciudad” ( 179):
Yo no habito ciudad. No. Me doy cuenta.
Y me doy cuenta que ando un poco
Luz. Ciudad que no habito y cuyo foco
oscuro, cuya lámpara sedienta
de mí, de mi silencio (que me orienta
a la luz, a las voces con que toco
el paso de mi sangre y mi loco
seguir en mi tristeza y osamenta)

Esta soledad se transforma en aturdimiento, en nostalgia, en un recuerdo que evoca constantemente al mar, aún en la ciudad, descubriendo el paraíso natural que ha perdido y el artificial paraíso en el que sobrevive. Finalmente la figura de la ciudad es determinante como contraposición del mar, como referente de un escenario, del que puede prescindirse a costa de volver al pasado (237 y 273):
Garza de querer anidar la vida al viento
pelícano despreocupado de mi sufrir amar
un descansar hamaca en la tarde sedúceme
y la parvada alárgame la nostalgia del mar
más pésame el café bullicioso de la ciudad
y llámame el camarón desde el fondo del restorán
así ganas me dan de una mujer y llorar
o ser un pez espada en el congreso de la paz
mas la locura es hambre y es tristeza sin par
y sin bolsas prefiero mi lluvia y mi manglar.

“rural minuto” es un ejemplo de la forma en que quincho representa también el símbolo de una ciudad en la metonimia. Recurrente en el mar, la ciudad y su sentido, es la sentencia de separación del recuerdo:

3
Ciudad que te sitúa
exactamente en la cintura
de este rural minuto
de limones maduros por tu patio.
Momento que se ha roto
con todo su silencio por tur ojos.
Que se ha quedado atrás,
Al otro lado de este ruido y de este asfalto.
Más allá del presente,
donde está tu camino con su polvo.
Dónde están tu huarache y tu sombrero.

La ciudad es la representación del mundo real, del mundo en que debe encontrarse para ir a la aventura, en busca de historias: “que estoy desierto y soledad y campo/ y estoy cantando ayer con tu canción de pájaro/ ciudad afuera.” (348) Es su forma de sobrevivir al régimen del caos, la ensoñación, el regreso al recuerdo como se observa en “otro poema a Isolda” (214)
me acuerdo
sonreías tan adentro de mis ojos
(del aire de mis ojos)
a veces llorabas este pinche mundo tú decías
éramos amigos
y me platicabas de tus hijos
me acuerdo
una vez te dije estoy enamorado de ti
y abriste tu sonrisa como un paisaje
pero sabíamos bien el rumbo de nuestras tristezas
en nuestro clima sobraban las palabras
me acuerdo
un día querías volcar tu escritorio en la oficina
y mandar al diablo papeles y la ciudad entera
te di una mirada como un abrazo
me acuerdo
íbamos a tu casa
nos recomendábamos libros
tomábamos café

La relación con la ciudad se matiza en su encuentro próximo con la sobriedad, con los momentos de paz significativos, que guardaba para sí como un recuerdo, como una evocación con la qué poder acercarse a lo perdido. Finalmente encuentra la forma de lidiar con el caos. Sabe salir del experimento cotidiano para lo que se inserta en su conciencia interna en busca de algo profundo de que asirse:

Me estoy saliendo al patio a caminar
cada mañana cada tarde
al patio de mi casa mientras es octubre
mi casa quedó atrás
y escribo
y mientras es octubre y escribo
el recuerdo se me vuelve mi casa con su patio
y salgo a caminar
cada mañana cada tarde
cada olor de limón
cada pájaro
cada mirada padre
cada mirada madre
cada mirada hermano
y también canto
estoy sentado
en algún lado de alguna ciudad con todo su ruido y su metal
pero ando caminando por octubre
mientras es el patio de mi casa
pájaro
limón
pájaro
mi casa con su puerta vieja
y con mi perro
mi casa
mi perro
y tengo cienmil pasos por el polvo
y tengo el camino y la vereda
y cienmil pájaros tengo
mientras es octubre

Finalmente, es interesante la conjunción de significados simbólicos que se da como producto de la fusión de elementos ciudad-mar. La ciudad es el reflejo de esa conciencia desencantada, “posmodernista”, fatalidad y vacío, encuentro consigo mismo (abrumado o sobrio), solitario. En su evocación del mar, él mismo es el mar. El estero es su equilibrio con el caos, del que sirve en la embriaguez producto de la saturación del sentido y del mundo. Emborracharse es el regreso al mar. En el Mar renace. En la ciudad se gasta esa vida que le queda.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Más allá del mar, está el ocaso: La figura de la ciudad en la poética de Joaquín Vásquez Aguilar

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Más allá del mar, está el ocaso: La figura de la ciudad en la poética de Joaquín Vásquez Aguilar
Quincho es uno de esos escritores que se valen de la potencialización del lenguaje para recrear sus emociones y sentimientos, reflejos de soledad y nostalgia; el lenguaje se eleva en su poesía hacia una meta-conciencia de la contemplación, se sublima, se dirige a una empatía que se alcanza en la sencillez de sus figuras a la vez de la profundidad de su expresión. Aunque mayormente dirige su temática al mar, la nostalgia y el anhelo, deja entrever una tormentosa conciencia, la que se dirige a la aventura, al caos, a la embriaguez del sentido y que se asienta en la ciudad, como símbolo de la realidad que percibe.
Para Joaquín Vásquez Aguilar su experiencia con la ciudad fue trágica desde el inicio; de niño fue traído a la ciudad para educarse, dejando su casa, su familia, permanece como servidumbre de la casa que le da cobijo y estudia en la escuela nocturna, está en una ciudad cuando muere don Emeterio, su padre, y no puede asistir al entierro. Así aprende a procurarse el recuerdo, la sensación de que algo lo abruma, el peso que la distancia del ser empieza a adquirir cuando la sensibilidad del artista llega al clímax. Finalmente esta relación desencantada esta relación de tormento llega a su punto más alto, cuando muere en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.
Pero esta relación con la ciudad también conlleva una positividad, pues entre ese caos está el amor, la literatura y el teatro, que se le abren como horizontes para su experimentación. Ahí crece como escritor. En la ciudad está el caos que le hace recuperar sus recuerdos, acaso como causa, en muchas ocasiones, de su poética evocativa del mar. Así se justifica que la ciudad representa para el autor el acercamiento a otra realidad, se encuentra en sí mismo, una realidad en desacuerdo con la sociedad, que se distancia por la conciencia de la individualidad y que surge como un estilo de vida.
El libro de la obra reunida de Joaquín Vásquez Aguilar “En el pico de la garza más blanca” comienza con el poema “Por la calle larga” (2010, 45) la bienvenida de Quincho a sus lectores, un reto a lo común, reflejo del artista consciente que vacila por los pasajes de lo desconocido, de la ciudad que lo atormenta: “por la calle larga/ alguien camina con mis pasos/ alguien muere en la esquina/ alguien, más allá, nace/.” La cotidianidad es una realidad que esclaviza con sutileza, que se vuelve parte de la personalidad y la conciencia, pero el artista sabe reponerse y continúa: “todo parece correr con la naturalidad del tiempo/ y detenerse a veces en la esquina/ todo parece para mis ojos como diariamente/” Hasta que finalmente se asume como aquel súper-hombre que es capaz de transgredir las normas: “salvo que un día/ por la calle larga que se vuelve un niño de pronto/ mis pasos me los pongo/ conozco los relojes con sus horas hechas de carne/ y conozco todas las cosa que veo subir desde lo que era/ un sueño y se ha roto/ después viene la noche/ y me digo que ya vendrá otro día, tal vez/”. Así declara que se asume en su papel, que está listo para perderse en el laberinto de la poesía. Autor claro y preciso, que utiliza al lenguaje como una extensión de su ser que nace de las emociones profundas, su temática recurrente del mar lo sitúa en una condición especial, pues no hay más autores que hablen de eso en la actualidad, es un poeta de culto que le gusta recuperarse en el recuerdo de los jóvenes que hacen la verdadera promoción de su obra.
El día de hoy cerrará el congreso nacional Joaquín Vásquez Aguilar, con mesas de ponencias y testimonios en punto de las 11:oo hrs. Y las 18:00 hrs. En la biblioteca general de la UNACH. Evento que sin duda hará cobrar una nueva dimensión a la obra poética de Joaquín Vásquez Aguilar, pues sienta los precedentes para el ejercicio crítico, lo que hará trascender al autor hasta el lugar que le corresponde en la poesía chiapaneca.
Comentarios: elliroforo@gmail.com

jueves, 11 de noviembre de 2010

Mujer y Dramaturgia: Elena Garro

Gabriel Velázquez Toledo
El Liróforo
Mujer y Dramaturgia, Elena Garro y el teatro poético.
Elena Garro gusta de emplear en su dramaturgia una fusión de identidades, que permiten demostrar valores que se encuentran sumergidos en lo más profundo del pensamiento humano. La animalidad es sin duda una de sus preocupaciones, pues a pesar de la modernidad, se recurre constantemente al uso de las supersticiones y las pasiones como referentes de conducta. Esto provoca cierta identidad con el espectador, pues su fuerza teatral se sitúa precisamente en el puente de esta animalidad, que transgrede lo cotidiano, pero que a la vez es insignificante.
Hay una comunidad de valores simbólicos que reitera en tres de sus obras elegidas para el análisis “Los perros”, “El rastro”, “El árbol”. La soledad del campo, la soledad de la ciudad, la soledad del hombre. El no saber estar es parte de la propuesta de transgresión que Elena Garro muestra. Sitúa a la oscuridad como un paraje místico, por eso sus personajes tienen algo de fantasmales, de otro mundo, que con su pensamiento mágico transforman un orden.
En “los perros” podemos observar esto cuando se hacen evocaciones de la madre y el primo a lo sabido, como conjurando sin querer un instante cíclico “Javier: No tarda la noche en volverse muy oscura. Los árboles están soltando sus demonios y rodeándose de sombras...” Barajas, en “El rastro”, está completamente trastornado por su madre muerta y considera una traición a sus mejores momentos el haber dejado todo por una mujer. Adrián:… Me has convertido en el olvidado de los hombres, en el alejado de los pueblos, has matado de un pedriza a la divina Providencia, para dejarme huérfano en este rastro, en donde no más se pasean los muertos.” Es el hechizo de la necesidad, de la familia, del desamparo. Por último Luisa, en “El árbol”, justifica la conducta que ha tenido en su pasado, por la presencia de un demonio, de la magia “Luisa:Y me fui al monte y encontré un árbol frondoso tal y como me dijeron mis compañeras lo hice.”
Pero gracias a este pensamiento místico es que Garro, también ha logrado encontrar un sincretismo entre el pasado y el presente. Los recuerdos son la imagen real que tortura, epifanías y fortalezas, que conducen a las acciones en todos los casos. El lenguaje le sirve también como herramienta para connotar que hay una vulgaridad, un sentimiento de pertenencia social, de igualdad entre espectador y actor.
Los escenarios son comunes también. La soledad se infiltra como una sensación, que propicia el momento mágico-trágico. La oscuridad cunde y esconde, la locura se adueña de los personajes en un abrir y cerrar de ojos, da mala suerte y destruye. Es por eso que propicia páramos solitarios y departamentos, pues en su entorno ambos se encuentran aislados de todo contacto humano, que los aproxime a una unidad común, y les permite saciar su instinto y deseo.
Algo curioso de la presencia de Garro en la dramaturgia es su empleo de una poesía altamente simbólica, en la que logra un sincretismo de ideales, retomados del pensamiento prehispánico. Actualmente buena parte de sus obras retoman una vigencia contundente, pues el empleo de la violencia y sus justificaciones, nos recuerdan el estado de sitio en el que vivimos actualmente en el país, una escritora que sin duda hay que leer para comprender el presente.

martes, 9 de noviembre de 2010

Congreso sobre la obra de Joaquín Vásquez Aguilar

Por este medio se hace extensiva la invitación a Investigadores, docentes, alumnos y sociedad en general a participar en el Primer Congreso Nacional Joaquín Vásquez Aguilar, a celebrarse los días 17-18 y 19 de noviembre del presente año en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
La participación será de tipo crítico, refiriendo al correo electrónico martneztorrez@prodigy.com un archivo digital con la ponencia a presentar.
Cabe mencionar que al presentarse en este evento la obra dispersa, reunida por primera vez en un volumen, de Joaquín Vásquez Aguilar, se han invitado a reconocidos investigadores de literatura en México con el objeto de evaluar y dar a conocer más ampliamente al que sin duda será reconocido como uno de los mejores escritores de Chiapas en el siglo XX.
Saludos

jueves, 28 de octubre de 2010

En el pico de la garza más blanca. Edición crítica de la obra de Joaquín Vásquez Aguilar.

EL Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
En el pico de la garza más blanca. Edición crítica de la obra de Joaquín Vásquez Aguilar.

El pasado viernes 22 de octubre, en el Congreso Nacional de Investigadores en Poesía “Otoño y Poesía” que se celebra el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, en la ciudad de Xalapa, se presentó, en punto de las 18:00 horas, el que seguramente se posicionará como un libro emblemático dentro del ejercicio crítico de la investigación literaria en Chiapas: En el pico de la garza más blanca. Que contiene la obra reunida del poeta oriundo de Cabeza de Toro, Tonalá, Joaquín Vásquez Aguilar, mejor conocido por todos como “Quincho”.
El doctor Efrén Ortiz, coordinador del congreso, presentó el libro del otrora poeta del mar, como uno de los más significativos aportes a la poesía contemporánea chiapaneca. Y es que sin ser un autor de culto, el rumor del poeta que vivió y murió a su modo, se ha ido perpetrando en la conciencia de los jóvenes. Autor que sin duda despierta simpatías cuando en su ritmo encontramos la conjugación del verso libre, elevado a su mejor nivel en Chiapas. Equiparado incluso a la labor que hiciera Jaime Sabines, el ejercicio poético de Quincho tiene la virtud de ser cercano a la nostalgia. Su añoranza por el mar y el estero lo lleva a mostrar una realidad que se divide con la urbe y se conjugan en una poesía de emociones.
La compilación de la obra fue realizada por los doctores José Martínez Torres y Antonio Durán y la Maestra Yadira Rojas León, quienes tuvieron que emprender una compilación del material a través de un sin número de vicisitudes, pues como bien dijo Efrén Ortiz en la presentación del libro en Xalapa: “el primer paso para que un autor se vuelva de culto, es que su obra no desaparezca”. Y ni en bibliotecas, centros culturales o botaneros (que el poeta tan solícitamente gustaba visitar) tienen los libros de éste autor, que murió en los albores del año 1994.
Repleto de símbolos, que demuestran su erudición, no es un poeta de improvisaciones, por el contrario, cuenta el doctor Martínez Torres que Joaquín se pasaba repitiendo versos en su mente, hasta que por fin el ritmo era el que buscaba y el tema era abordado de la manera en que su capricho lo demandaba, era en ese momento, y sólo así, cuando se decidía a escribir un poema.
Su afición por la literatura le volvió un hombre sumamente sensible. El doctor Antonio Durán rememoró que en una ocasión, el poeta tuvo un puesto burocrático, al que pasados 15 días dejó de asistir. Al mes siguiente volvió a aparecer en la oficina y al increparle su prolongada ausencia simplemente dijo: perdóname, pero es que había sentido que se me enfriaba el alma.
Para nuestra buena fortuna, el libro pronto estará a la venta para el público. La coedición UNACH-CONECULTA lo tendrá listo en poco tiempo. Pero para aquellos aficionados a la poesía, el próximo 17 de noviembre se estará celebrando en la UNACH un encuentro de críticos de diversas universidades, entre las que destacan la UNAM y la UV, que tendrán como fin aportar con sus investigaciones, pistas que nos ayuden a develar el sentido tan elevado que Quincho gustó siempre de imprimir a su poesía. Ahí se darán cita también aquellos que conociéndole, brindarán un testimonio acerca del poeta, además de estudiantes de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana y de la Maestría en Letras Mexicanas que dirimirán algunos aspectos de la obra de este autor.
Es pues que a partir de este libro, podrá ser estudiada más a fondo, con el fin de otorgarle el merecido lugar que en las letras chiapanecas debe tener, la obra de Joaquín Vásquez Aguilar, quien a falta de un padrinazgo político, se había quedado en los anales del olvido. No hay concursos poéticos exprés en su nombre, ni premios literarios laureados, pero hay por fin un libro con su obra reunida, que le hará justicia poética y le hará equipararse con los más grandes de la literatura chiapaneca.

jueves, 14 de octubre de 2010

criminalización de la cultura

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
La criminalización de la cultura

Uno de los negocios más rentables en el mundo de la comunicación es la radio. Cientos de automovilistas prefieren sintonizar una estación, para acompañar los trayectos que realizan y aminorar la tensión del flujo vehicular tan lento que hay en la ciudad, debido al sobrecupo de automóviles. El alto impacto que dicho medio representa en el ánimo social, no es equiparable al de ningún otro todavía, en especial cuando los requerimientos técnicos para su sintonía, no requieren de grandes gastos.
A últimas fechas, la eliminación, próxima, de las frecuencias de Amplitud Modulada (AM) se devela como parte de una estrategia de los grandes emporios radiofónicos, que buscan con esta medida terminar con la competencia de radiodifusoras locales y comunales, buscando obligarles a entrar en un mercado en el que los requerimientos técnicos son sumamente costosos y fuera del alcance de quienes no cuentan con el dinero para montar antenas y equipos sofisticados de emisión de ondas de Frecuencia Modulada (FM).
Como si esta medida, desproporcionada, en aras de la “modernidad” no fuera suficiente, la acción represiva de instituciones vinculadas a la procuración de justicia, han arremetido contra las emisoras religiosas y culturales que permanecen en el “clandestinaje”, sin que éstas apliquen un uso comercial al espacio que supuestamente “piratean”. Como es bien sabido los permisos para poder hacer un uso comercial, son sumamente engorrosos y burocráticos, creado para minorías que cuentan con los favores necesarios, como el que tengan un buen padrino para palanquear la venia de las autoridades, y así explotar el espectro radiofónico en la ciudad. Sino el trámite es simplemente un intento absurdo.
Este negocio se encuentra en manos de muy pocas familias, y aquellos que se atreven a presentar una alternativa programática son catalogados como delincuentes, aún cuando su propuesta se dirija a la difusión de alternativas socio-culturales.
En estas últimas semanas 3 radiodifusoras han sido víctimas de supuestos operativos, con la finalidad de desmantelarlas y sacarlas del aire. La Justificación es el agravio social, intentos de sedición y la provocación de ideas. El testimonio de quienes estuvieron presentes durante las redadas, aseguran que el uso de la fuerza fue desmedido, con un lenguaje soez y amenazas en contra de las personas que se encontraban en los inmuebles. Tratados como vulgares delincuentes, rebeldes, rojillos y no como comunicadores, sometidos con la fuerza e intimidados por las armas que los agentes procuradores de “justicia” portan para estos casos.
Me pregunto ¿es necesario el uso de la fuerza represiva para cumplir, con lo que sin duda alguna, es su deber? El diálogo es la virtud de las personas sabias que tienen la voluntad de resolver problemas, sin llegar a hacer gala de su “poder”. No podemos permanecer ciegos a este fenómeno, pues contemplar el uso de la fuerza en contra de personas que no se encuentran cometiendo perjuicio contra terceros, como algo “normal”, es otro síntoma más de esta grave enfermedad que nos convulsiona como país: la intolerancia. No olvidemos que la virtud sin la ciencia produce tontos y la ciencia sin la virtud produce tiranos. La justa medianía provoca un estado crítico en el que el debate, la libertad de expresión y las propuestas, comparten un espacio común, buscando el bienestar social y lo más importante: El progreso.
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jueves, 7 de octubre de 2010

Fansin: rescoldo de la libertad de expresión.

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Fansin: rescoldo de la libertad de expresión.

A últimas fechas el cierre de periódicos, revistas, centros de radiodifusión y cualquier otro medio que no esté de acuerdo con las disposiciones oficiales del comercio de la información, no sorprende a nadie. Parece ser que la tendencia es hacer de la opinión un privilegio, pues aquel que no tiene una cercanía a aquellos que controlan los medios de comunicación, está destinado a permanecer en el rincón del silencio.
Afortunadamente para algunos, las tendencias de la globalización permiten que el acceso a las vías electrónicas de comunicación, y en especial el internet, sea una herramienta útil en esta búsqueda de la libertad de expresión. Sin embargo aún nos hacen falta algunos años para considerar en nuestro Estado, a dicho medio, como una alternativa eficaz de comunicación crítica. La contundencia de este medio llega poco a poco gracias a las redes sociales y al despertar crítico de los jóvenes, que deciden no permanecer con los dejos de información que las grandes cadenas nos presentan y buscar las versiones alternativas de esas mismas noticias, que en la red se muestran.
En otros tiempos los movimientos juveniles tenían medios de expresión alternativos, que surgían como parte de un compromiso ideológico personal. Los Fansines fueron en buena medida una de las herramientas más importantes de la difusión de valores contemporáneos. Derivada del ánimo fanático (fans) a las revistas (magazine) por parte de jóvenes, surgieron estas propuestas alternativas, que en un par de hojas (de imprenta o simples fotocopias), exponían aquellos elementos críticos y de opinión que consideraban no eran abarcados en estos ejercicios.
Hace no más de 5 años, en Tuxtla este movimiento era impulsado por jóvenes que hoy se encuentran consolidados en su búsqueda por definir un estilo literario (tal es el caso de Omar Gámez, Víctor Molina, Antonio Reyes, etc.). Los esfuerzos comunes de estudiantes por presentar en el medio social sus ideas e inquietudes, se ha visto reducido de forma significativa. La generación de lectores de “cinético marginal”, “sangre yugular”, “la jeringa” y un largo etcétera, se ha tenido que conformar con recurrir a los blogs, lamentando la ausencia de aquellos encuentros fortuitos, en las combis o los tuguchis, de aquellos textos que movían a una exploración ideológica diferente.
El campo de experimentación técnica e intelectual que era este medio, ha perdido una batalla más, cuando su principal centro de promoción y difusión, la facultad de Humanidades de la UNACH en donde se encuentran las carreras de literatura y ciencias de la comunicación, ha vetado la publicación en sus muros de estos esfuerzos, condicionándolos a una revisión y solicitud previa a las autoridades correspondientes.
Incentivar propuestas independientes de publicaciones, no significa estimular la clandestinidad ni el chisme, sino buscar que el cúmulo de futuros críticos, se aseguren una forma independiente de opinión, en que dirijan su ejercicio no a las masas, sino a sí mismos, obligándose a sostener una congruencia que va de su ideología a sus actos.
Creo que en buena medida la crisis que vivimos, de falta de revistas y material crítico especializado, se debe a que no ha sido promovida una cultura de valores dignos de la sociedad en que vivimos, que aún se sustenta en su pasado. Ahora somos una sociedad cosmopolita, nos guste o no, y el fomento de medios alternativos crea las bases para transformar algo que nos es de suma vitalidad, la promoción del ejercicio autocrítico.

jueves, 23 de septiembre de 2010

la cultura del chisme

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
La cultura del chisme

En nuestro país, y sin temor a equivocarme, ante nuestra nula capacidad para la investigación, producto de una educación deficiente que nos inculca lo que debemos saber y no cómo obtener conocimientos, hemos optado por utilizar una alternativa en la cual no es necesario verificar la veracidad de lo dicho. Sencillamente se trata de la reproducción de un rumor, cargada siempre de un poco de opiniones subjetivas individuales de quien informa y de ejercicios imaginativos para suplir, a manera de intriga, los datos faltantes, que terminan de esta forma por tergiversar aún más lo dicho. En pocas palabras, el chisme.
La envidia, la maldad, la ignorancia, el odio, son sólo algunos de los motivos que llevan a las personas a continuar un rumor mal intencionado, curiosamente de las buenas noticias se sabe muy poco. Para el colmo de males, parece que esta práctica se ve impulsada por las instituciones, que ante su ejercicio en contra de la delincuencia, anima a la sociedad a volverse parte activa de este ejercicio. La cultura de la denuncia no es más que una exacerbación, representativa de la nulidad del funcionamiento de las estrategias hasta hoy seguidas.
No se trata de fomentar que seamos un país de chismosos, se trata de un cambio cultural que necesita urgentemente bases sólidas, que la educación humanista (en la que se incluyen valores cívicos y éticos) puede proporcionar. Sin embargo parece que los planes institucionales de ciertos líderes de la educación no contemplan el ejercicio crítico de la razón en los alumnos, porque es sumamente peligroso para sus estructuras, que se mantienen a base de favores electorales y dinero.
La influencia de telenovelas, programas de entretenimientos y literatura barata, producto de revistas que sólo buscan explotar el morbo, se suman al fomento social de esta práctica tan poco ética del chisme. Pareciera que es una confabulación dirigida a mantener en el letargo la mente de las personas.
Mas no todo es culpa de ellos, pues los intelectuales y la iniciativa privada (me refiero a la sociedad en general no a los grandes emporios), tampoco han realizado un esfuerzo digno para fomentar los más indispensables principios en los jóvenes, que son quienes más lo necesitan. Ejemplo de ello es que los millones de chavos ni-nis que existen en el país, no tienen ni la menos idea de cómo llegar a establecer propuestas o acciones que mejoren su calidad de vida, pues están a la espera de un paternalismo, al que por muchos años nos tuvieron acostumbrados y que ahora sólo se dirige a ciertos grupos selectos.
¿Qué esperar entonces? El miedo por el estado de sitio en el que vivimos desde hace 4 años, también ha obnubilado el pensamiento de las personas, que temen a expresar una opinión, bajo el riesgo de ser considerado un disidente y por eso, recibir la represión correspondiente. Por eso las verdades a medias que los grandes medios de comunicación nos presentan diariamente, manipulando su contenido, no es contradicho ni puesto en tela de juicio por la mayoría de los espectadores que consumen dichos contenidos
Sin duda alguna, se trata de una cuestión de voluntad. Mucho se ha hecho con la apertura de escuelas en el Estado, lo que es digno de resaltarse, sin embargo queda la duda acerca de las personas que estarán a cargo de la educación de los jóvenes, que probablemente deban sufrir los embates de los programas educativos oficiales, que ni los mismos maestros dominan.
Afortunadamente en las grandes orbes, el fenómeno del internet está abriendo portales que permiten a los jóvenes verificar la veracidad de lo que aprenden. Esta práctica pronto llevará a algunos al ejercicio crítico de la búsqueda de un conocimiento específico, que los transformará en personas capaces de proponer y argumentar con bases.

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jueves, 9 de septiembre de 2010

Brecht y Artaud. EL teatro y su poética

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Brecht y Artaud. EL teatro y su poética.

Bertolt Brecht (1898-1956) supone que “El teatro consiste en representar ficciones vivas de acontecimientos humanos ocurridos o inventados, con el fin de divertir”. Idea que a lo largo de su libro Pequeño órganon para el teatro, es muy recurrente, contraponiéndose al que fuera el predecesor del rompimiento con las estructuras formales del teatro en occidente, Antonin Artaud (1896-1948), quien buscaba en el “Teatro de la crueldad” una respuesta emotiva, derivada de la saturación y la intensidad. Ambos modelos transformaron a mediados del siglo XX, la concepción del teatro en su totalidad, propiciando una transformación desde su raíz.
Para esto Brecht cataloga las diversiones en Diversiones débiles y fuertes, (simples y complejas), las segundas más complicadas y ricas en aspectos “más contradictorias y preñadas de consecuencias”, es decir las que tenían una relación con el ejercicio de la apreciación. Brecht dice que “La tarea del teatro, como el de las otras artes, consiste en divertir a la gente. Esto le concede su especial dignidad”. Al igual que Aristóteles, opina que “Nada más alto ni nada más bajo que divertir a la gente”. Diferenciandose así de la dinámica de la “Reflexión inteligente” que Artaud propone para la apreciación de un espectáculo en todas sus dimensiones (música, plástica, drámática).
Brecht insiste en que las “diversiones de las distintas épocas fueron naturalmente diferentes entre sí, según las maneras que los hombres tenían de convivir”. La categoría histórico social nos ayuda a comprender la forma en que el espectáculo teatral era observado antes del surgimiento de sus nuevos valores “La inexactitud o incluso la evidente inverosimilitud, molestaba poco o nada, mientras que la inexactitud poseyera una cierta consistencia y la inverosimilitud fuera coherente”. No importaba que existieran inexactitudes o errores en las historias representadas, sino que nos apropiemos de los hermosos y grandes sentimientos de los protagonistas de la historia. Involucrar al espectador. Artaud busca, en el ejercicio de un teatro que busca involucrar las emociones del espectador con el ritual que los actores representan, igualmente que el público tenga un impacto positivo de lo que observa, pero éste derivado del shock que el espectáculo en sí le represente.
La opinión acerca del ejercicio poco profesional de los actores “comerciales” de la época que Brecht desprecia, se muestra en su opinión de que: “Lo que reduce nuestro placer en el teatro son las incongruencias en la representación de los acontecimientos humanos”, y aunque prepara de esta manera la ruptura con el teatro “ritualista” de Artaud para proponer la exploración libre de la escena en pos de un espectáculo inteligente y sencillo, desecha la búsqueda de la metafísica, interna e inconsciente de su predecesor.
¿Cómo deberán ofrecerse nuestras representaciones de la convivencia humana? ¿cuál es la actitud productiva frente a la naturaleza y frente a la sociedad, que nosotros, hijos de una era científica, debemos adoptarlas enteramente en nuestros teatros? Estas son las interrogantes que Brecht heredará de su tiempo y a las que tratará de responder con su ejercicio de lo absurdo. Y para la labor intelectual, propone “Nuestra actitud debe de ser crítica. Si se trata de la sociedad, revolucionándolas”. Busca llevar al teatro a revolucionarios sociales, es decir aquellos que son capaces de transmitir con una obra, determinado mensaje. “Que no olviden cuando están con nosotros, sus joviales intereses, con el fin de confiar al mundo a sus cerebros y a sus corazones, para que lo transformen según su criterio”. Artaud por otra parte, partió del precepto del “Ritual de la teatralidad” en su búsqueda de una liturgia cambiante pero profundamente inteligente, pero Brecht lo crítica gravemente: “Lo que les interesa a los espectadores en esos teatros, es poder realizar el engañoso cambio de un mundo contradictorio, por otro armonioso, o de uno no muy bien conocido, por otro de ensueños”. La realidad golpeó al teatro, presentando una nueva faceta: “El teatro tiene que comprometerse con la realidad con el fin de extraer representaciones realmente eficaces de la realidad”. Incluyendo los valores moralizantes de la sociedad en la que el acto dramático se presenta: “Y esto permitirá también que los espectadores disfruten con la moralidad específica de su época ligada a la productividad”.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Nuestra (violenta) cultura

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Nuestra (violenta) cultura

Hace pocos días tuve la oportunidad de asistir a una tocada de las que se organizan en salones de fiestas por los grupos musicales “underground” que existe en la ciudad. El ambiente era festivo cuando la primera banda empezó a sonar. Sin embargo algo curioso llamó mi atención, rostros desencajados que parecían la simple careta de un zombi, que se movían al compas de la música de forma autómata, sin siquiera comprender lo que a su alrededor se desataba.
El olor a solvente que despedían algunos, las pupilas dilatadas de otros más y la actitud autoritaria y violenta de los que en el centro del “slam” pretendían dominar el círculo de baile, propinando buenas golpizas a los que se les acercaban, ofreció el resto del espectáculo degradante de la juventud, que rodeada de descabezados, malos programas sociales, drogas, guerras institucionales tan ajenas a nuestra realidad inmediata y un sistema opresivo que juzga su cultura con todo el rigor de una generación que se ha hecho vieja, (suponiendo que sus valores son los correctos y por lo consiguiente los que deben imperar en ésta ciudad) me dejó la sensación de que la violencia también es una cultura.
Con esto no quiero referirme a los sacrificios aztecas, tan famosos y retorcidos por las descripciones de conquistadores ignorantes, ni a la necesidad pujante de realizar cambios sociales profundos con las armas, al respecto de la guerra de independencia, reforma y revolución, sino simplemente a una generación “ni-ni” que al igual que cualquier otra generación juvenil pasada, busca liberarse de ataduras y convencionalismos, con una actitud transgresora del orden establecido.
La falta de espacios regulados para dar cabida a cientos de jóvenes inconformes con un sistema, que en el mejor de los casos los niega e ignora, y en el peor de estos los reprime, sostiene el encono que justifica sus actos degradantes. No importa obnubilar la mente con solventes que queman el sistema respiratorio y altera la percepción de lo inmediato, distorsionándolo en una paranoia, porque hoy la “mona”, el “flexo” y todo aquello que “pone” por unos cuantos pesos, está de moda.
La violencia genera violencia. Políticas nacionales de transgresión a la individualidad, la criminalización de las actitudes de los jóvenes y la falta de comprensión de un problema social que se está presentando desde hace algunos años en todo el país, simplemente han creado una bomba de tiempo.
El desfogue que para estos jóvenes representa asistir a una tocada, bailar y expresarse, ha permitido canalizar buena parte de esta inconformidad. Pero me pregunto ¿Qué ha sucedido con los espacios abiertos en los que la regulación de un orden por grupos culturales puede transformar el ejercicio violento de la clandestinidad en una búsqueda por la armonía y la convivencia? Simplemente la falta de visión de algunos, ha sesgado espacios como el parque de la juventud, en el que desde hace un buen tiempo no se ven más actividades que la de computadoras conectadas a internet gratuito. O el auditorio que en una esquina del parque central, se encuentra abandonado desde hace mucho.
Es necesario fomentar políticas culturales que propicien ambientes diferentes en la juventud, así como dejar de criminalizar, por la simple apariencia y prejuicios personales, a promotores y espectadores de estos espectáculos, pues la juventud no está a la espera de cumplir con las expectativas de generaciones que le son completamente ajenas.
Tampoco la represión generará buenos resultados, pues si bien el consumo de estupefacientes ha ido en aumento entre la población juvenil, es más importante una solución real al problema que les atañe, pues la enfermedad no son las drogas, son solamente el síntoma de algo más profundo que tiene que ver con la desunión familiar, la falta de oportunidades y aceptación y en especial, con una falta de disposición por parte de la sociedad, gobierno y asociaciones de cualquier índole, para dar respuesta sensible a lo que está sucediendo actualmente.

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jueves, 19 de agosto de 2010

Imposible. Víctor Molina

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
IMPOSIBLE. Víctor Molina

Los cursichorosdelaeyaculaciónprecos, son la propuesta alternativa al ejercicio libre y espontaneo de la poeticidad. Aunque de profundas raíces divergentes al discurso común, su naturaleza le vuelve un objeto crítico de una perspectiva que por clasificación social está en el estrato más rechazado: Lo Nako.
Víctor Molina salió mitad chilango, mitad chiapaneco, aunque ya se quedó de este lado, por el que se le inclina la balanza, modelo 84, ya un poco traqueteado por el uso, es uno de los principales artífices de la creación de Falsines como “Sangre yugular” y la “Jeringa”, además de incansable promotor de la editorial por internet “La tortillería”, en cuya colección se encuentran textos de buena parte de los autores falsineros de la ciudad.
El Artnako, como lo bautiza Armando Vega-Gil, es la expresión popular, expuesta al desencanto de los transeúntes cotidianos. Víctor Molina recupera esa esencia y trae una propuesta alternativa al discurso poético común. Desde la portada del libro (hecho completamente de forma artesanal en los talleres editoriales “independiente y clandestino”), que bien lo transforma en un objeto de colección, equiparable a una pieza rara, de museo (pues como dice el Navo, puedes enseñarlo a las visitas y presumir que es el libro más raro de tu colección), es recurso de una propuesta creativa, que parte del “Hazlotúmismo”.
Los choros del Molina, son certeros, como pequeñas saetas que se te clavan incómodamente en la espalda, allá los brazos no las alcanzan. Son parte del desencanto, del degenere, de lo cotidiano que una ciudad absurda deja de prestar atención, porque está ocupada en satisfacer sus propias necesidades. Es la queja fastidiada de tantas vacas sagradas de la poesía. Con orgullo puede decirse que su transgresión textual es para obligar a la lectura en voz alta, a recuperar la vida de esos signos impresos, más allá de la pura conciencia individual, que bien puede ignorar su verdadero sentido. En voz alta seduce, en voz alta recuerda que los poetas se extinguieron hace mucho tiempo, o por lo menos pasaron de moda y que ahora nos quedan algunos pocos profetas que lanzan sus hechizos sobre las conciencias que se detienen un momento a escucharles.
Por eso Molina prefiere hacer choros. Ser poeta compromete a saber de literatura. Pero el choro solamente compromete con la verdad que observa aquel que aspira a ser un albañil de la palabrería. Aprendiz es su condición permanente, sus construcciones verbales llevan a recordar la sencillez de la naturaleza humana y la complejidad de sus acciones.
La alternativa del proyecto editorial de la Casa Tomada, es propuesta como un parteaguas a las formas de entretenimiento social de que disponemos. La actividad, el movimiento, son parte fundamental para la creación de vínculos entre ideas, que arrojan un ejercicio crítico y la motivación, por parte de los jóvenes, de experimentar con el arte, la libre manifestación de las ideas. Así pues pretende volverse promotor de ejercicios inteligentes y propositivos.
El Próximo sábado será la presentación en sociedad del libro IMPOSIBLE, en la Casa Tomada, a partir de las 20 hrs., ofreciendo para tal ocasión el preestreno de los Chiapanacos, los choros de Armando Lira (Toluca), Omar Navo (Nabavaxia, Sonora), Antonio Reyes Quijote (Tapachula). Todo esto para dar testimonio del inicio de un esfuerzo colectivo por traer a la luz los textos de los autores “underground” de la urbe Tuxtleca.

jueves, 12 de agosto de 2010

Omar Gámez el Navo

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Omar Gámez “Navo”

Como salido de la adaptación de un guión de Ray Bradbury, el 9 de Agosto de 1978, en medio de la nada, en Navobaxia, Sonora, nació Omar Gámez. Alejado de libros, en el campo árido, viajando largos tramos hasta la escuela, lejos de la familia, como una buena canción cardenche, el Navo pasó buena parte de su infancia entre Navobaxia y Huapabampo, donde cursó sus primeros estudios.
Su espíritu impetuoso lo llevó hasta la capital para estudiar Comunicación, pero en vez de enfocarse en estudio, terminó por ser fundador del movimiento que Joel Verdugo habría de bautizar antropológicamente como la tercera generación del “Pluma Blanca”, exclusivo bar con tendencias de centro cultural alternativo, en Hermosillo, ubicado a unas cuadras de la UNISON. Este centro periférico de artistas, marcó a la generación joven de escritores, que acudía al intercambio de ideas, en el marco de una convivencia con escritores consolidados.
Desde recepcionisto en un hotel durante la prepa, reportero del semanario “de acá”, Falsinero (con “el expresivo” informativo de corte Zapatista y “Ahuizote” más bien rocker), vendedor de pintura, mesero en un bar norteño los fines de semana, hasta consolidarse hoy como bibliotecario y escritor. Cada una de sus actividades, se han prestado para su ejercicio literario, de donde en buena medida retoma sus textos, alternando esto con los recuerdos de las cosas que escucha: “Me gusta mucho escuchar a la gente, siempre tienen muchas cosas interesantes que les han sucedido y necesitan decirle a alguien”.
“En aquellos tiempos en el barrio, mi frase siempre era Daría y haría cualquier cosa por una mujer y un poco de dinero, verás que una vez hasta vendí un poco de sangre por unos pesos”. Publicado en antologías de narradores en su natal Sonora, ha logrado consolidar un estilo que llama “cronicuentos”. “Yo sabía hacer crónica periodística y quería escribir otras cosas, pero no sabía, entonces decidí fusionar estilos, seguramente lo de cronicuentos lo tomé de algún otro lado, pero no sé de dónde”.
Su libro “Al contado” le ha consolidado en los circuitos de presentaciones literarias en festivales como las “Horas de Junio” en Hermosillo, así como en Tijuana y por supuesto Chiapas. La calidad de su obra ha recogido múltiples elogios, que van desde su estilo sencillo y concreto, pasando por su ritmo, humor negro, y basto cúmulo de experiencias, que reflejan en su descripción, una realidad próxima, que exhibe verdades ignoradas por la sociedad apática, que se conforma con simplemente no ver.
La influencia del rock, conjugada con una gama de autores que conjugan experiencias bárbaras, como Bukowski, Roberto Bolaños y hasta Chalino, a quien se le dedica una historia en el libro, generan textos crudos, que sin miramientos ni escrúpulos, se encuentran con la develación de un testimonio de protesta contra el absurdo de lo real, que siempre supera a la ficción. Esto le ha valido ser “el segundo mejor escritor del pueblo, después del señor que escribe los epitafios”.
Sin embargo, hay una característica que vuelve al Navo un gran promotor de la literatura. El ejercicio de la lectura en público, que ofrece siempre la exquisitez de la picardía de un autor que es consciente del dominio que tiene sobre su obra. Desde que la lectura empieza, todos los que se encuentran en el recinto guardan silencio y observan con atención los detalles de la narración, que con tono norteño y poco sereno, más a lo piporro que a lo Octavio Paz, les roba sonrisas de complicidad y gozo.
Esta vuelta a la oralidad literaria, ha sido una de las acertadas claves que han llevado el ejercicio narrativo de Omar Gámez, a encontrar ecos en autores de renombre, como Armando Vega Gil, que en meses anteriores estuvo en la capital para presentar dicha obra. Actualmente enfoca sus esfuerzos a la creación de 5 novelas, de las cuales ha comenzado la primera y no tiene idea de qué sucederá con las demás, “serán producto de una amarga experiencia literaria que me ha comprometido con un ejercicio constante que exponga lo real inmediato”. Además estará presentando su libro en Yucatán, Puebla y su natal Navobaxia.

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jueves, 5 de agosto de 2010

El Pinche Quijote

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Antonio Reyes Quijote

En Chiapas existen un sinfín de escritores. No es un fenómeno moderno. Incluso es muy sabido entre la gente que si alguien arroja una piedra, seguramente golpee a un poeta. Eso ilustra la sobrepoblación de escritores que tenemos en el estado. Afortunadamente no todos publican, aunque no pocos lo intentan.
La escritura es una cuestión de perseverancia y estilo. Fuera de una moda, una raza de escritores suburbanos, se ha mantenido obstinado a los medios alternativos. Antonio Resyes Carrasco alias “El Quijote”, es un escritor Tapachulteco, nació un 4 de junio de 1978, probablemente en un día lluvioso e intempestivo, y de ahí agarró su modo. “Empecé escribiendo canciones, cambiando letras a las rolas en inglés que no entendía y haciéndolas mías”. Forjado al amparo de los falsines suburbanos (el mismo producía “El ejercicio de lo absurdo”), como sangre yugular, sinético marginal, popotito 22, la jeringa, ha creado una reputación como escritor de lo que Miller llamase la “Literatura del YO“.
A la par de su carrera como comunicólogo, fiel a sus principios literarios, dedicó buena parte de sus esfuerzos al periodismo, aunque sin empacho comparte sus humildes esfuerzos por hacerse de un poco de dinero “sí, pues fui también mesero de hipocampos, cargador de cemento, donde me corrieron porque me acusaron de que llegaban abiertos los bultos jaja y hasta cantante, con un éxito que más o menos suena todavía en la Casa Tomada que se llama: Cuando vienes rasurada lo hacemos mucho mejor”.
Una mala racha lo hizo alejarse un poco del circuito literario, para el cual planea su regreso con la reedición de la noveleta “El Hiato”, como parte de una trilogía que trabaja. “Actualmente mi chamba de vendedor de lotes a perpetuidad, me orilló a refugiarme en la literatura. Ahí nació la idea del segundo libro de la trilogía. Me dedico a escribir obiturarios irresponsables, que colecciono como anécdotas para la historia, que va a estar plagada de escenas monstruosamente reales, ajenas”.
Diego Arbit (reconocido escritor independiente argentino) dijo sobre “El Hiato” en su página de internet que “Es una de las mejores novelas que he leído”. Repleto de una necesidad por exaltar la extracotidianeidad que fingimos no ver a nuestro alrededor, Antonio Reyes es un cronista de nuestro tiempo. Su obra ha alcanzado un punto de madurez, que le ha vuelto exquisito.
Sin inhibiciones, el ejercicio grotesco de las pasiones humanas, nos enfrentan con una realidad animal que constantemente renegamos. Ahí es donde interviene el Quijote, para robarse las escenas de una literatura crítica sobre lo cotidiano. Es el mundo de los jóvenes, de los inadaptados, de los rechazados. Es el retrato del instante en que demonios de Eros y Tánatos copulan alrededor de conciencias jóvenes e incautas, que se pierden en laberintos de placer. El festín de la mentira y el exceso. La inconsciencia.
La obra de este escritor está en la página de internet de “latortillería” y “páginadeloscuentos” y muy pronto veremos publicada su obra en la editorial Klandestina, así como también se le puede encontrar en los recitales de los juelees en Casa Tomada y en su mail: quijotesco4@hotmail.com
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