jueves, 4 de marzo de 2010

de lo castrense a lo castrante

El Liróforo
Gabriel Velázquez Toledo
Cultura. De lo castrense a lo castrante.

Hace algunos días sopesaba la información oficial que se nos dispara en los medios, sobre el triunfo de la nación sobre el crimen organizado. Los buenos vamos ganando y no hay problema de qué preocuparse.
Y es que en este país, balas y muertos ya no son un problema para cualquiera que se presta a disponer de un rato de entretenimiento en cualquier medio que sea. Es la cara del contrato voluntario, con el que nos sometemos a una voluntad, ni hablar, si quiero ver la tele, termino viendo comerciales.
Abonando a mi criterio del momento, debo confesar que me encontraba en el lobby del centro cultural Jaime Sabines, observando abstraído y con un hondo desánimo, una exposición, de muy baja categoría, de lonas mal colocadas, en donde se ilustraban las actividades positivas que da el pertenecer a un cuerpo castrense. Una exposición sobre el belicismo, disfrazado de propaganda, a lo Tío Sam, seduciendo a jóvenes que se acercan a dicha institución consagrada a las artes y el conocimiento.
Quizá tenga que ver el hecho de que soy sumamente susceptible a cualquier arbitrariedad que tenga tintes de proselitismo ilícito, pues tergiversar el sentido de una institución, al servicio del reclutamiento de otra, es un golpe bajo que insinúa la poca confianza en el desempeño académico, laboral e intelectual de los jóvenes.
No sé si eso tiene que ver con una postura oficial o con simple ignorancia de las partes, Pero alguien tiene que manifestarse en contra de violentar, con empresas ligadas al uso de la fuerza y la obediencia como método de formación, los principios sagrados que dan valor al arte y al conocimiento: la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Quisiera conocer ¿cuántos intelectuales hemos creado de esas élites pertenecientes a regímenes de control? ¿Y en donde están, cuando de salvaguardar una postura ética, con respecto de una labor comprometida con los valores de la ciencia, se refiere?
Qué exposición artística fue la víctima o a quién tuvieron que posponer, para permitir que se utilizaran las instalaciones de un centro cultural con otros fines, adversos a su filosofía, sentido y origen. De por sí son pocos los escaparates que muestran los resultados sensibles de los artistas, para que se tengan que supeditar a los intereses de las grandes corporaciones, quienes por cierto, cuentan con los recursos necesarios para atender sus intereses de convocatoria.
Creo que las instituciones hacen mal en permitir esta mescolanza de actividades, en especial cuando por simple principio no pueden ser compaginadas. Las manifestaciones culturales tienen un impacto social que contribuye a la concientización de la problemática social en que nos encontramos inmersos. Además de un catalizador de ánimos y opiniones, son la visión crítica de un ente que necesita ser señalado en sus errores, pues estos contravienen al principio de la comunidad de intereses, que debe caracterizarnos como comunidad.
Creo que se deben priorizar los esfuerzos intelectuales que empiezan a pujar hoy en día en la sociedad tuxtleca, para que de la forma que sea necesario se emita un mensaje alterno a la forma tan insensible en que vivimos ahora. Proporcionar una gama de actividades culturales, siempre será una forma alternativa de incentivar a la sociedad, a involucrarse también en los procesos de transformación de principios de convivencia, como la tolerancia y el respeto, que nos conduzcan a ser un ejemplar modelo de fraternidad social.

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